El Gran Teatro de Córdoba acoge la representación de "Todos eran mis hijos", de Arthur Miller, con Carlos Hipólito, Manuela Velasco y Fran Perea

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El drama Todos eran mis hijos, una de las obras cumbre de Arthur Miller llega este fin de semana al Gran Teatro de Córdoba en un montaje con un reparto de reconocidos actores encabezado por Carlos Hipólito, Gloria Muñoz, Fran Perea, Manuela Velasco y Jorge Bosch. La adaptación y dirección corren a cargo del argentino Claudio Tolcachir, que, pese a su juventud, ha sido ya aclamado por la crítica y el público tras su debut con La omisión de la familia Coleman, aplausos que ha vuelto a cosechar por el resultado de este nuevo proyecto que ahora presenta en los escenarios del país.

Arthur Miller estrenó esta obra poco después de la II Guerra Mundial, en 1947 y bajo la dirección de Elia Kazan. El genial dramaturgo americano plantea la historia de una familia burguesa en la postguerra, un círculo cuyo bienestar económico se asienta sobre una terrible tragedia: la muerte de varios soldados –entre ellos, uno de los hijos- a causa de unas piezas defectuosas utilizadas en aviones de combate y fabricadas por el cabeza de familia, Joe Keller, personaje al que da vida Carlos Hipólito. La señora Keller, interpretada por Gloria Muñoz, ha perdido prácticamente la cordura y, siguiendo la línea de los grandes personajes femeninos trazados por Miller en sus obras, es un personaje fundamental para sustentar la tensión dramática de la pieza. Los dos actores, según la crítica, hacen un extraordinario trabajo, elogios que también alcanzan a Fran Perea, en el papel del hijo menor, por su presencia y su fuerza escénica.

El texto contiene el elemento fundamental de toda la producción del autor: la crítica social, en este caso, la  denuncia de los valores conservadores que comenzaban a asentarse en los Estados Unidos. Y para ello crea tramas de estructura milimétricamente perfecta, personajes sólidos e ineludiblemente humanos, palabras y silencios que destilan pasión. En Todos eran mis hijos, además de una denuncia del cinismo de las empresas armamentísticas, Miller plantea unas inquietantes preguntas sobre los límites donde se sitúa la responsabilidad del ser humano: ¿la patria?, ¿la familia?, ¿de qué lado situarnos frente a los hechos?

Para el director del montaje, se trata de una obra que despliega en su asombrosa trama una actualidad abrumadora. “Es –explica Claudio Tolcachir- una de esas maravillas de Miller que nos hacen volver a cuestionar los valores más básicos de una sociedad que parece haberlos olvidado hace mucho”. “Y si bien –añade- la época en que transcurre nos remite al pasado, el debate moral al que nos somete nos coloca irremediablemente en el presente”. Esa vigencia absoluta de la historia narrada en Todos eran mis hijos es un elemento que también destaca Carlos Hipólito. El actor resalta que, además de que no hay una moraleja, los personajes son seres humanos complejos, alejados de lo arquetípico y, gracias al buen hacer de Tolcachir, tienen una frescura que los hace enormemente reales a los ojos del espectador.

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